Me desespera no tener acá sus brazos tatuados y grandes. Desproporcionadamente grandes en comparación con mi tronco. Me arden los ojos por no poder mirar los suyos, y sus dientes, y su nariz. Su perfume es olor. Olor a persona. Una vez otro hombre me dijo que no podía sentir mi olor porque yo fumo. No quisiera que D no sienta mi olor. No quisiera que olvide lo que es oler mi pelo. Ni que me asociara con el olor a tabaco. Tengo un miedo desgarrador de que esto termine. No controlo las lágrimas, porque se caen de mis ojos. Quisiera conocer ese proceso químico que las engendra.
Hoy hablamos, después de un par de días. Hablar nos dolió mucho. Pasamos varios días juntos omitiendo nuestro pendiente. No puedo dejar de mirarlo, de besarlo y abrazarlo compulsivamente. Un poquito más. Qué horrible es desear sólo un poquito más ¿Por qué siento que es inminente que terminemos? Él me dijo que piensa lo mismo. Hoy me lo dijo. Lloré en la cama, lloré en la ducha, lloré en el patio. Hasta lloré hablando sola. Él le teme a las lágrimas. Y le teme a mi angustia. Así. Lisa y llana. Yo sólo le temo a terminar.
Hace mucho que me aqueja una duda: ¿podemos amarnos y aún así no poder estar juntos? Tal vez me sentiría más aliviada si la respuesta fuera no. Porque si podemos amarnos, si nos amamos, si me ama, sería una frustración dolorosísima no poder estar juntos. Sería un... nos amamos pero no podemos amarnos. No, definitivamente eso no debería poderse.
Su adicción es un fantasma que me recorre día a día por todo el cuerpo. Mi sentimiento es físico. Las dificultades que tenemos me cuestan tanto que a veces deseo no haberlo conocido. Nunca en la vida sentí tanto, y soy grande. Nunca en la vida se endureció tanto mi estómago. Nunca se flexibilizó tanto mi cuerpo para coger. Nunca sentí tanta calentura. Nunca pensé que una sola persona pudiera provocarme tantas explosiones tan ambiguas. Siento tanto amor que creo estallar. El amor que siento podría analogarse con los ataques de pánico. No te vas a morir, pero vos creés saber que sí. Podré seguir viviendo sin estallar, podré incluso ser feliz con otros tantos, y sentir esto miles de veces más, pero creo saber que no.
Todo lo que necesito es un poco, un poquito más.
Él es el adicto, pero yo quiero un poquito más de su brazo tatuado.
amor no es pera
miércoles, 30 de julio de 2014
miércoles, 9 de julio de 2014
La historia
Contar historias es apasionante. Las historias tristes suelen atrapar más. Es el morbo nuestro. Las historias no son sino lo que alguien tamiza, transforma y significa para contar. Nada de lo que se cuenta en una historia es la verdad. Nada. Nada de lo que contamos como hecho es un hecho en sí mismo. Una sola parte de una historia se selecciona para reemplazar por palabras que, creemos, la representan de alguna forma. Pero sólo representan un costado. Para contar una historia, cualquiera sea, hay que partir sabiendo esto. Nada de lo que contamos es la verdad. Nada. Sin embargo, sí es la verdad de quien escribe. Sí es la verdad de quien cuenta. Sí es una verdad. Elijo contar mi verdad, que no es la verdad, y elijo contarla de forma anónima y a lectores aún inexistentes
¿Por qué lo hago? Lo de anónima, principalmente porque vinculo a otras personas cuyas historias contadas por mí no son la verdad. Algo escondo, también: me vinculo a mí misma con historias y soy yo misma la que tamiza mi propia verdad para convertirme en narradora y dejar de ser una mujer, para ser unas mujeres. Yo tampoco creo en mi verdad, y tampoco quiero socializarla. Tampoco soy esto. Elijo contarla a lectores inexistentes porque de ningún texto o grupo de textos nacen lectores mágicamente. Pero también es un desafío. Yo y mi verdad, la verdad tamizada por una narradora, tenemos algo que mostrar y debe haber sujetos que lo quieran ver. Si no es así, nada teníamos.
Esta historia comenzó a principios de 2013 y es una historia de amor. Duramos unos nueve meses y claudicamos ¿Por qué? Quizás podría explicarlo ahora con mi versión de los hechos. Pero lo que yo pueda explicar, estoy segura, no es lo que sucedió. Ojo, tampoco confíen en la palabra de él. Por si se lo cruzan alguna vez. Yo tengo dos verdades: estaba (estoy) perdidamente enamorada y tenía (tengo) terribles dificultades para expresarme ¿Qué decantó? Una apurada mía mal expresada, un tipo muy cagón de otro lado. Una separación sin mayores entredichos y un episodio que destruyó mi moral, mi seguridad, mi estabilidad mental, mi serenidad y, sobretodo, mi criterio. Me convertí en una juzgadora compulsiva. Me convertí en una caracterizadora de primera. Sé que ese costado que tengo no sólo es insano: destila veneno (otro de los motivos que me llevó al blog anónimo). Comencé una guerra real y virtual contra él, aunque se lo siga negando. Jamás se me fue el amor profundo e inconmensurable que le tengo, jamás. Está intacto. Está como siempre. Esperando. Algún día voy a explicar esto con datos de la realidad (la mía).
Lo que importa de todo esto es lo siguiente: estuvimos + lo amé con locura + no se lo dije lo suficiente + no supe cómo abordar su adicción (sí, tiene una) + no me quiso lo suficiente + no me dio estabilidad + lo apuré + nos separamos + nos peleamos + VOLVIMOS. Volvimos hace pocas semanas, pero este momento requiere una definición que tengo que hacer salir. El resultado se verá. No depende enteramente de mí. Volvimos con otra impronta. Hablamos del pasado. Arreglamos cosas. Nos contamos nuestras verdades. Nos estamos amando. Nunca se está en la mente del otro y sin embargo creo que nos estamos amando. A esta altura comienzo a preguntarme si no caractericé mal y en realidad el problema de nuestra pareja anterior no tuvo que ver con que él no me amara. No puede saberse. O sí. Volvimos.
Mi motivación es ser feliz al lado suyo. Yo quiero proyectar. Quiero casarme y tener un perro. Lo que no quiero es que todo eso pase con un adicto ¿Ama el adicto? ¿Vive normalmente? La mitad me dice que no, la mitad que sí. Yo tengo altos y bajos. A veces ama y a veces no. No sé. La definición es la charla. Le adelanté que debemos charlar. Y lo que más me duele de todo esto es que estoy al lado suyo y sé cómo lo miran. Lo peor de que te miren con lástima o prejuicios es que uno puede graficarse a sí mismo como lo miran. Uno puede verse como lo miran. A mí me miran casi como lo miran a él. Creen que no hago nada, creen que no sé nada, creen que lo niego. Pero no. Solamente lo amo. Y porque lo amo sueño enternecidamente con que se apoye en mí para cambiar y ser feliz.
A veces me pongo medio evangelista. Antes recurría a un consultorio sentimental que había en ask, pero ya no está. Es bueno escribir. Es sano escribir. Esta historia se cuenta de a pedazos. Se va reconstruyendo como un rompecabezas y es lo único que no estoy dispuesta a amoldar. Yo quiero que ustedes lean y reconstruyan. Tal vez quiero que sea así porque yo también estoy juntando pedacitos. Es graficar. Es contar la verdad. No. Es mi verdad. Mía. Desearía que fuera mío. Desearía estar en su cabeza. Desearía que me ame con locura, desearía saber si me ama. Y si lo hace, desearía saber si es con locura. Desearía poder elegir lo que él va a elegir. Lo amo. Lo quiero hacer feliz. Hoy no hablamos.
¿Por qué lo hago? Lo de anónima, principalmente porque vinculo a otras personas cuyas historias contadas por mí no son la verdad. Algo escondo, también: me vinculo a mí misma con historias y soy yo misma la que tamiza mi propia verdad para convertirme en narradora y dejar de ser una mujer, para ser unas mujeres. Yo tampoco creo en mi verdad, y tampoco quiero socializarla. Tampoco soy esto. Elijo contarla a lectores inexistentes porque de ningún texto o grupo de textos nacen lectores mágicamente. Pero también es un desafío. Yo y mi verdad, la verdad tamizada por una narradora, tenemos algo que mostrar y debe haber sujetos que lo quieran ver. Si no es así, nada teníamos.
Esta historia comenzó a principios de 2013 y es una historia de amor. Duramos unos nueve meses y claudicamos ¿Por qué? Quizás podría explicarlo ahora con mi versión de los hechos. Pero lo que yo pueda explicar, estoy segura, no es lo que sucedió. Ojo, tampoco confíen en la palabra de él. Por si se lo cruzan alguna vez. Yo tengo dos verdades: estaba (estoy) perdidamente enamorada y tenía (tengo) terribles dificultades para expresarme ¿Qué decantó? Una apurada mía mal expresada, un tipo muy cagón de otro lado. Una separación sin mayores entredichos y un episodio que destruyó mi moral, mi seguridad, mi estabilidad mental, mi serenidad y, sobretodo, mi criterio. Me convertí en una juzgadora compulsiva. Me convertí en una caracterizadora de primera. Sé que ese costado que tengo no sólo es insano: destila veneno (otro de los motivos que me llevó al blog anónimo). Comencé una guerra real y virtual contra él, aunque se lo siga negando. Jamás se me fue el amor profundo e inconmensurable que le tengo, jamás. Está intacto. Está como siempre. Esperando. Algún día voy a explicar esto con datos de la realidad (la mía).
Lo que importa de todo esto es lo siguiente: estuvimos + lo amé con locura + no se lo dije lo suficiente + no supe cómo abordar su adicción (sí, tiene una) + no me quiso lo suficiente + no me dio estabilidad + lo apuré + nos separamos + nos peleamos + VOLVIMOS. Volvimos hace pocas semanas, pero este momento requiere una definición que tengo que hacer salir. El resultado se verá. No depende enteramente de mí. Volvimos con otra impronta. Hablamos del pasado. Arreglamos cosas. Nos contamos nuestras verdades. Nos estamos amando. Nunca se está en la mente del otro y sin embargo creo que nos estamos amando. A esta altura comienzo a preguntarme si no caractericé mal y en realidad el problema de nuestra pareja anterior no tuvo que ver con que él no me amara. No puede saberse. O sí. Volvimos.
Mi motivación es ser feliz al lado suyo. Yo quiero proyectar. Quiero casarme y tener un perro. Lo que no quiero es que todo eso pase con un adicto ¿Ama el adicto? ¿Vive normalmente? La mitad me dice que no, la mitad que sí. Yo tengo altos y bajos. A veces ama y a veces no. No sé. La definición es la charla. Le adelanté que debemos charlar. Y lo que más me duele de todo esto es que estoy al lado suyo y sé cómo lo miran. Lo peor de que te miren con lástima o prejuicios es que uno puede graficarse a sí mismo como lo miran. Uno puede verse como lo miran. A mí me miran casi como lo miran a él. Creen que no hago nada, creen que no sé nada, creen que lo niego. Pero no. Solamente lo amo. Y porque lo amo sueño enternecidamente con que se apoye en mí para cambiar y ser feliz.
A veces me pongo medio evangelista. Antes recurría a un consultorio sentimental que había en ask, pero ya no está. Es bueno escribir. Es sano escribir. Esta historia se cuenta de a pedazos. Se va reconstruyendo como un rompecabezas y es lo único que no estoy dispuesta a amoldar. Yo quiero que ustedes lean y reconstruyan. Tal vez quiero que sea así porque yo también estoy juntando pedacitos. Es graficar. Es contar la verdad. No. Es mi verdad. Mía. Desearía que fuera mío. Desearía estar en su cabeza. Desearía que me ame con locura, desearía saber si me ama. Y si lo hace, desearía saber si es con locura. Desearía poder elegir lo que él va a elegir. Lo amo. Lo quiero hacer feliz. Hoy no hablamos.
martes, 8 de julio de 2014
El amor espera
Explican las películas, los grandes, los amigos, las gentes, explican que al amor hay que sumarle dos. Explican que uno sabe cuándo se enamora, que lo siente hondo en el momento exacto en el que algún cable se cruza y quiere ser, estar, buscar, hacer con alguien. Explican las personas que el amor no siempre es perfecto pero explican que, para que lo sea, basta con que ambos se enamoren.
Me explicaban que lo peor que puede pasar en materia de amor es que uno de los dos no esté enamorado. Me explicaban que no sólo sería lo peor, sino lo único malo. Me dicen que Juan no está enamorado de mí, que yo no estoy enamorada de Pedro, que Martín no me da pero yo sí a él, que Tomás tiene algunos problemas y no sabe enamorarse, que yo quiero ser la mamá de Agustín, que si no entendí lo que Esteban tiene para darme.
Me cuentan que ese no me quiere. Me cuentan que no existe cambiar. Me dicen lo que querrían saber que harían en mi situación. Yo hago lo mismo. Es lindo creer que uno haría lo que aconseja. Es lindo creer que uno es inquebrantable. Es lindo creer que somos capaces de priorizar un poco de la cabeza. Pero en realidad nos caracterizamos por pedir un poquito más.
Nos caracterizamos por elegir sentir un poquito más de amor, por elegir un poquito más de presión sobre el pecho, por decepcionarnos una, una sola vez más. Elegimos lo que somos, no elegimos lo que queremos ser. Y somos todos lo mismo.
¿Qué puede pasar si hay dos que se aman pero no pueden amarse? ¿Qué puede pasar después de idas y vueltas? ¿Quién puede creer que basta con creerse? ¿Qué puede pasar cuando hay otros en la pareja? ¿Otros? No, personas no. Otros vicios, adicciones. Otros miedos y alguna reminiscencia. Muchas reminiscencias. ¿Se convive con un adicto? ¿Depende a qué sea adicto? ¿Depende qué quiera hacer? ¿Cuánto se dura? ¿Cuánto se sufre? ¿Cuánto me ama? ¿Me ama? Es feo leer muchas preguntas en un texto. Después, igual, les pongo la toalla.
Solía decir Borges algo así como que en un momento de la vida descubrís quién sos. Yo podría identificarlo sin problemas. No fue un momento de amor de pareja. No importa. Pero, de repente, creía estar segura de todo y estoy a prueba. Me enfermé un poquito. Me envicié un poquito con un vicio ajeno. Me envolvió un vicio ajeno y pude sentir cómo nadie me envolvía en ninguna toalla y cómo nadie me tenía de nuevo en ninguna panza. Pude ver cómo me miraban. Pude estar en los ojos de otros, viéndome.
Podía ir para atrás, quedarme donde estaba también era ir para atrás. Podía avanzar ¿Siempre hay que elegir? Quisiera que elijan otros y yo dormir. Se me contracturan los órganos. A lo mejor se me dieron vuelta. A lo mejor tengo el estómago en el cerebro. Creo que sí. La que soy desde el momento que Borges eligió para mí se guardó un poco ¿Y si no soy esa? Yo quiero ser esa. Soy esa. Se va a ir la que no quiero ser.
Cuánto amo. Infinitamente.
Me explicaban que lo peor que puede pasar en materia de amor es que uno de los dos no esté enamorado. Me explicaban que no sólo sería lo peor, sino lo único malo. Me dicen que Juan no está enamorado de mí, que yo no estoy enamorada de Pedro, que Martín no me da pero yo sí a él, que Tomás tiene algunos problemas y no sabe enamorarse, que yo quiero ser la mamá de Agustín, que si no entendí lo que Esteban tiene para darme.
Me cuentan que ese no me quiere. Me cuentan que no existe cambiar. Me dicen lo que querrían saber que harían en mi situación. Yo hago lo mismo. Es lindo creer que uno haría lo que aconseja. Es lindo creer que uno es inquebrantable. Es lindo creer que somos capaces de priorizar un poco de la cabeza. Pero en realidad nos caracterizamos por pedir un poquito más.
Nos caracterizamos por elegir sentir un poquito más de amor, por elegir un poquito más de presión sobre el pecho, por decepcionarnos una, una sola vez más. Elegimos lo que somos, no elegimos lo que queremos ser. Y somos todos lo mismo.
¿Qué puede pasar si hay dos que se aman pero no pueden amarse? ¿Qué puede pasar después de idas y vueltas? ¿Quién puede creer que basta con creerse? ¿Qué puede pasar cuando hay otros en la pareja? ¿Otros? No, personas no. Otros vicios, adicciones. Otros miedos y alguna reminiscencia. Muchas reminiscencias. ¿Se convive con un adicto? ¿Depende a qué sea adicto? ¿Depende qué quiera hacer? ¿Cuánto se dura? ¿Cuánto se sufre? ¿Cuánto me ama? ¿Me ama? Es feo leer muchas preguntas en un texto. Después, igual, les pongo la toalla.
Solía decir Borges algo así como que en un momento de la vida descubrís quién sos. Yo podría identificarlo sin problemas. No fue un momento de amor de pareja. No importa. Pero, de repente, creía estar segura de todo y estoy a prueba. Me enfermé un poquito. Me envicié un poquito con un vicio ajeno. Me envolvió un vicio ajeno y pude sentir cómo nadie me envolvía en ninguna toalla y cómo nadie me tenía de nuevo en ninguna panza. Pude ver cómo me miraban. Pude estar en los ojos de otros, viéndome.
Podía ir para atrás, quedarme donde estaba también era ir para atrás. Podía avanzar ¿Siempre hay que elegir? Quisiera que elijan otros y yo dormir. Se me contracturan los órganos. A lo mejor se me dieron vuelta. A lo mejor tengo el estómago en el cerebro. Creo que sí. La que soy desde el momento que Borges eligió para mí se guardó un poco ¿Y si no soy esa? Yo quiero ser esa. Soy esa. Se va a ir la que no quiero ser.
Cuánto amo. Infinitamente.
Qué
Una vez tenía un blog y escribía cosas triviales por placer. En ese blog estaba mi nombre así que no podía escribir todo lo que quería y lo abandoné hace años. Otra vez quise escribir sobre que estoy enamorada de alguien y quiero ayudarlo. Ahí me hice un blog sin mi nombre y me dieron ganas de escribir sobre otras cosas también.
Yo escribo porque quiero que me lean. Pero no quisiera que pierdan el tiempo esos que me lean. Analogo para explicarme: leí una nota sobre una nadadora adulta a la que, después de competir, su mamá envolvió en una toalla y dijo sentir que volvía a guardarla en su panza.
Yo quiero, cuando salgan de leerme, envolverlos con una toalla.
Yo escribo porque quiero que me lean. Pero no quisiera que pierdan el tiempo esos que me lean. Analogo para explicarme: leí una nota sobre una nadadora adulta a la que, después de competir, su mamá envolvió en una toalla y dijo sentir que volvía a guardarla en su panza.
Yo quiero, cuando salgan de leerme, envolverlos con una toalla.
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