miércoles, 9 de julio de 2014

La historia

Contar historias es apasionante. Las historias tristes suelen atrapar más. Es el morbo nuestro. Las historias no son sino lo que alguien tamiza, transforma y significa para contar. Nada de lo que se cuenta en una historia es la verdad. Nada. Nada de lo que contamos como hecho es un hecho en sí mismo. Una sola parte de una historia se selecciona para reemplazar por palabras que, creemos, la representan de alguna forma. Pero sólo representan un costado. Para contar una historia, cualquiera sea, hay que partir sabiendo esto. Nada de lo que contamos es la verdad. Nada. Sin embargo, sí es la verdad de quien escribe. Sí es la verdad de quien cuenta. Sí es una verdad. Elijo contar mi verdad, que no es la verdad, y elijo contarla de forma anónima y a lectores aún inexistentes

¿Por qué lo hago? Lo de anónima, principalmente porque vinculo a otras personas cuyas historias contadas por mí no son la verdad. Algo escondo, también: me vinculo a mí misma con historias y soy yo misma la que tamiza mi propia verdad para convertirme en narradora y dejar de ser una mujer, para ser unas mujeres. Yo tampoco creo en mi verdad, y tampoco quiero socializarla. Tampoco soy esto. Elijo contarla a lectores inexistentes porque de ningún texto o grupo de textos nacen lectores mágicamente. Pero también es un desafío. Yo y mi verdad, la verdad tamizada por una narradora, tenemos algo que mostrar y debe haber sujetos que lo quieran ver. Si no es así, nada teníamos.

Esta historia comenzó a principios de 2013 y es una historia de amor. Duramos unos nueve meses y claudicamos ¿Por qué? Quizás podría explicarlo ahora con mi versión de los hechos. Pero lo que yo pueda explicar, estoy segura, no es lo que sucedió. Ojo, tampoco confíen en la palabra de él. Por si se lo cruzan alguna vez. Yo tengo dos verdades: estaba (estoy) perdidamente enamorada y tenía (tengo) terribles dificultades para expresarme ¿Qué decantó? Una apurada mía mal expresada, un tipo muy cagón de otro lado. Una separación sin mayores entredichos y un episodio que destruyó mi moral, mi seguridad, mi estabilidad mental, mi serenidad y, sobretodo, mi criterio. Me convertí en una juzgadora compulsiva. Me convertí en una caracterizadora de primera. Sé que ese costado que tengo no sólo es insano: destila veneno (otro de los motivos que me llevó al blog anónimo). Comencé una guerra real y virtual contra él, aunque se lo siga negando. Jamás se me fue el amor profundo e inconmensurable que le tengo, jamás. Está intacto. Está como siempre. Esperando. Algún día voy a explicar esto con datos de la realidad (la mía).

Lo que importa de todo esto es lo siguiente: estuvimos + lo amé con locura + no se lo dije lo suficiente + no supe cómo abordar su adicción (sí, tiene una) + no me quiso lo suficiente + no me dio estabilidad + lo apuré +  nos separamos + nos peleamos + VOLVIMOS. Volvimos hace pocas semanas, pero este momento requiere una definición que tengo que hacer salir. El resultado se verá. No depende enteramente de mí. Volvimos con otra impronta. Hablamos del pasado. Arreglamos cosas. Nos contamos nuestras verdades. Nos estamos amando. Nunca se está en la mente del otro y sin embargo creo que nos estamos amando. A esta altura comienzo a preguntarme si no caractericé mal y en realidad el problema de nuestra pareja anterior no tuvo que ver con que él no me amara. No puede saberse. O sí. Volvimos.

Mi motivación es ser feliz al lado suyo. Yo quiero proyectar. Quiero casarme y tener un perro. Lo que no quiero es que todo eso pase con un adicto ¿Ama el adicto? ¿Vive normalmente? La mitad me dice que no, la mitad que sí. Yo tengo altos y bajos. A veces ama y a veces no. No sé. La definición es la charla. Le adelanté que debemos charlar. Y lo que más me duele de todo esto es que estoy al lado suyo y sé cómo lo miran. Lo peor de que te miren con lástima o prejuicios es que uno puede graficarse a sí mismo como lo miran. Uno puede verse como lo miran. A mí me miran casi como lo miran a él. Creen que no hago nada, creen que no sé nada, creen que lo niego. Pero no. Solamente lo amo. Y porque lo amo sueño enternecidamente con que se apoye en mí para cambiar y ser feliz.

A veces me pongo medio evangelista. Antes recurría a un consultorio sentimental que había en ask, pero ya no está. Es bueno escribir. Es sano escribir. Esta historia se cuenta de a pedazos. Se va  reconstruyendo como un rompecabezas y es lo único que no estoy dispuesta a amoldar. Yo quiero que ustedes lean y reconstruyan. Tal vez quiero que sea así porque yo también estoy juntando pedacitos. Es graficar. Es contar la verdad. No. Es mi verdad. Mía. Desearía que fuera mío. Desearía estar en su cabeza. Desearía que me ame con locura, desearía saber si me ama. Y si lo hace, desearía saber si es con locura. Desearía poder elegir lo que él va a elegir. Lo amo. Lo quiero hacer feliz. Hoy no hablamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario